Etapa 3: Navia – Mondoñedo “El chuletón”

Publicado: septiembre 8, 2010 en Rutas, Uncategorized

Distancia prevista: 70 Km

Distancia recorrida: 87 Km

Desnivel + Acumulado: 1.732 m

Velocidad media: 13,36 Km/h

Velocidad máxima sostenida: 60,38 km/h

Etapa de unión entre las dos comunidades autónomas por las que circulamos, despidiéndonos de Asturias y empezando a enfrentarnos a la montaña galega.

Tras una más que agradable cena en Navia y un recuperador descanso en la Casona Naviega (que buena hostelería hay en Asturias) y con Sebas sin la excusa de la bici, nos propusimos a realizar la etapa más sencilla de las 3 más largas (en principio tendría que haber sido la anterior, pero ya sabéis lo que ocurrió).

Un fuerte desayuno, para no variar, con un zumito de naranja recién exprimido o el zumo de moras envasado. Bollería dulce, pan con tomate y jamón, el obligado ColaCao y agua para estar hidratados. Parece mentira, pero hemos engordado en estos días. Pero la verdad es que nos quedaban casi 90 Km por delante y algo más de 1.730 metros de subida acumulada, y encima amanecía un día soleado que podría hacerlo más duro por calor, por lo que el desayuno debía ser bien abundante.

La salida de Navia, como siempre, cuesta arriba. Pero no tan duro como en otras ocasiones, aparte de la motivación de ver que Sebas aguantaba todos los repechos llegando a los altos con la señal de victoria por no haberse bajado. Si es que no hay nada como llevar de vez en cuando la bicicleta al taller…. Seguro que piensa que fueron los 80 € mejor invertidos.

Para llegar hasta Jarrio el camino se desvía hacia Coaña y sube casi paralelo a la carretera general, con unos 50 de distancia. Paseo tranquilo hasta la Caridad donde sellamos por primera vez la credencial. A partir de ahí tenemos por delante el tramo más llano de todo el Camino, para llegar a Tapia con algún Km por la nacional y con muchas tramos bordeándola y cruzándola.

La llegada a Tapia es muy bonita, con una parada a hacer fotos en una pequeña cala de piedras donde la hospitalidad asturiana sale a relucir con la gente ofreciéndose a hacernos fotos y los lugareños asomándose al balcón para indicarnos el buen camino. Aquí tenemos varios pasos muy bonitos entre ríos y caminos algo técnicos para poder lucirse. Jaime intenta explicar que la etapa de ayer debería haber discurrido por esta rasa costera, pero fue más bonito subir a las “cotollas”. Vuelven a encenderse los ánimos.

En Tapia decidimos  volver a sellar nuestra credencial en el Ayuntamiento y aprovechamos para comprar dos décimos de lotería y unas botellas de agua bien fresca que se agradece porque el calor aprieta un poco (Tomás saca a relucir sus técnicas de supervivencia aprendidas en las COE´s).  Ya salimos de Tapia visitando sus bonitas playas y arenales (Serantes y Peñarronda) y decidimos desviarnos un poco hasta Vegadeo en vez de cruzar el Puente de los Santos para abandonar Asturias.

Decisión acertada, creo, aunque fuesen unos 16 Km por carretera. Nos sirvió para hacer la etapa merecedora del reto en el que estamos inmersos y para llegar con un poco de hambre hasta Ribadeo. Allí preguntamos donde comer y, muy amablemente, nos indican el Lar de Manolo (recomendándonos chuletón a la piedra). Tomamos una comida frugal y ligera basada en dos buenos platos de macarrones con tomate y bonito y luego 3,2 kilos de chuletón. Pero que nadie se sorprenda, Agustín se debió comer más de 1 Kg. Por supuesto, el Agus no pudo pasar sin su arroz con leche y todo bien regado con 18 cañas y cuatro cañones. Alguno empiezó a pagar los excesos y sale de Ribadeo haciendo eses….

Aquí ya vemos como han cambiado la orientación de las conchas que marcan el camino, pasando a estar la parte ancha de la misma en dirección a Santiago y en todos los puntos aparecen los kilómetros a destino (aún estoy pensando si es buena idea o mala, resulta algo desesperante ver que te quedan más de 200 por recorrer).

Salimos de Ribadeo con ganas de enfrentarnos a lo que nos queda por delante: mucho pisteo sencillo y alguna carretera local. Agus y Jaime aprovechan para intercambiarse las burras y así poder comparar entre bicicletas dobles de distintos conceptos (rally o all mountain). Desde luego que cualquiera de ellos van sobrados con ambas bicicletas y superan sin grandes dificultades los repechos que se les ponen por delante. Es fácil seguir el Camino, las marcas abundan y el track es muy claro. Además, ante la duda, todo el mundo lo tiene claro —- > “hacia arriba”.

Tras unos 20 Km, en los que subimos desde los 30 metros sobre el mar hasta 400 y dos bajadas rápidas donde Jordi disfruta de una bicicleta con doble suspensión (¡qué poco va a tardar en comprarse otra bici!), atravesamos Lourenzá, bonito pueblo típico gallego con una iglesia al estilo de las que vamos a encontrar en el camino, estilo gótico tardío de piedra caliza del lugar. La salida de Lourenzá es en cuesta arriba por una cómoda carretera local sin fuertes pendientes (aunque 6 Km de subida tras las etapas anteriores suman mucho) y los dos últimos Km por una pista de zahorra que Sebas decide, sabiamente, saltarsela y seguir por carretera. Al final llegamos todos a la vez al alto.

Aquí estamos en la Galicia rural y profunda. Estamos disfrutando viendo como están todas las familias (al completo, tres o cuatro generaciones) plantando la patata, repartiéndose las funciones. También nos quedamos intrigados con unas casetas de chapa de no más de 3 metros cuadrados donde están congregadas entre media  y una docena de aldeanas de los pueblos vestidas con el típico mandilón, todas iguales. Muy curioso y una suerte poder verlo.

Ya solo nos queda bajar a Mondoñedo, no hay fuerzas ni para sacar la cámara y hacer fotos. Además hay una pequeña neblina que impide el disfrute total. Llegamos al pueblo y todos menos Luis decidimos ir a visitar la Plaza de la Basílica, preciosa. Un policía local nos sella la credencial (no era tan guapo como las de Cudillero, ¡Viva Asturias!) y aprovechamos a hacer algunas fotos y volver al hotel a tomar unas cervecitas y asearnos. Las caras empiezan a estar algo desencajadas. Hotel Montero, casi, casi tan agradable como en Asturias, una pena.

La cena, pensando en lo que llevamos y lo que nos queda mañana, la hacemos en el mismo hotel. Se notan los kilómetros, alguno cena pescado a la plancha, otros ensalada y dos animales, Fabes. Y ninguno era del norte. Son previsores, mañana nos queda una dura etapa y el cuerpo necesita energía.

A dormir, es temprano pero estamos cansados, muy cansados. Tenemos ganas de llorar pensando en la salida de mañana.

Jaime Cifuentes

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comentarios
  1. Jaime dice:

    Ni siquiera tiempo para hacer fotos a la arquitectura del lugar, a las gentes de los pueblos o a las duras rampas. Esos fotógrafos no tienen futuro profesional….

  2. Jordi dice:

    Yo lo que recuerdo es que Sebas, que llegaba como todos asfixiado, fue el que dijo de seguir en bici hasta la catedral!!!! ole! ole! y ole!!!

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